Las ideas de Saturno Guerra
El desprecio actual que existe por la autoridad nos llevará en los próximos años a una situación política dominada por un fuerte autoritarismo.
Saturno Guerra
Filósofo ecuatoriano (Cuenca 1965- ...). Profesor de filosofía de la historia y experto en educación.
Noviembre
Y todo lo que eran antes pesares, enfados, impotencias y acracias consentidas, la naturaleza las había transformado utilizándolo como "ratoncito de un país del té" en profundas y largas maravillas del sentimiento más profundo, la humanidad más conveniente que rezumaba por todos los instintos que le hacían ser lo que es.
Y el universo sí que tenía un punto de referencia, una base a la que no se debía mentir ni decepcionar, no se podía, porque eso significaría el fin de las luces de noviembre y de los abriles que estuvieran por suceder.
El cielo

Encontró un cielo que no tenía el mismo color, que no poseía la misma luz, era un cielo cieloso, inmenso, plano, en el que se podían ver las líneas imaginarias de greenwich y los paralelos latitudinales de la pérdida de cualquier referencia. Era un cielo geográfico. Y no tenía los mismos colores porque era amarillo y además despreocupado, sí, era un cielo sin preocupaciones, ausente de silogismos e inquietudes, calmo, salvo cuando se turbaba en disquisiciones sobre la cantidad exacta de aportación hídrica, inteligente, cuando regalaba un sábado tardío de viajes en el tiempo, siempre sobre un yacimiento arqueológico o sobre la casa de la Caína o de la Bernarda. Un cielo inmenso, despreocupado.
La hiel
-¿Viste al hijopouta ese del Carod?
-Claro.
-Será maricón, si se llama joseluis, ¿por qué cojones no lo dice en español?
-Claro.
-¿Viste a Fernando Alonso? Es que le hacen todas las putadas del mundo, todos van contra él, incluida hacienda porque paga impuestos en Suiza. No sé quiénes son más cabrones, los de hacienda o los de maclaren.
-Claro
-¿Viste el golazo de Ronaldinho?
-Sí. ¿Ya te vas?
-Sí, tengo que ir al banco porque me han embargado el piso por no pagar la hipoteca, después tengo que ir al instituto de mi hijo a hablar con el director porque dice, el muy cabrón, que le ha pegado a un negro y después a la oficina del paro para esperar una cola entre los moromierdas y los rumanos para cobrarlo. Ah, y después tengo que ir a trabajar.
-¿Sigues en la inmobiliaria?
-Claro.
El gran hermano educativo
Las noticias sobre docentes (y docentas) agredidos se han convertido en los últimos años en argumento recurrente más o menos repetido por los medios de comunicación que, de modo asombrosamente aséptico, pasan por las mismas con la frialdad que emana de la eterna sospecha que recae sobre las capacidades y kilométricas vacaciones de los enseñantes y el buenismo sesentayochista del sistema como causante de todos los males que oprimen a unos pupilos desmotivados, faltos de cariño y con la autoestima alimentando a cancerbero. La educación en España no es un debate, mucho menos una discusión, no es más que un volante de badminton que oscila entre los dos partidos mayoritarios que imponen la temática conveniente. Los dos polos más atractivos y que suscitan todo tipo de opiniones en los últimos tiempos han sido: la innombrable nueva asignatura y la inmigración.
Sobre la innombrable: ¿alguien sabe exactamente en cuántos cursos se imparte y con cuánta carga horaria? ¿es la escuela el único lugar en el que hay que enseñar a los niños que deben dejar el asiento en el autobús a ancianos, embarazadas...? ¿alguien realmente serio piensa que la escuela es el único motor de los cambios? ¿no educa televisión española pagando a la nieta del antiguo dictador por participar en un concurso? Siento los vaivenes.
Sobre la inmigración: ¿es el hecho de que España sea el primer país del mundo en consumo de cocaína, protagonista de la única novena edición a nivel mundial de gran hermano o engullidor compulsivo de tomates-dolcesvita culpa de la población inmigrante?
No se habla de lo que realmente concierne a la educación porque no interesa, bastaría con que algunos comenzaran por admitir que se equivocaron.
La trampa de la permisividad (I)
La trampa de la permisividad nos lleva a admitir como válidos comportamientos que odiamos o que, sencillamente, se encuentran confrontados con cualquier situación que la lógica pudiera considerar como sociales o respetuosos. La tortura nocturna de unos fines de semana que no tienen fin que sufren consentidoras muchas personas, puede ser una de las muestras más palpables de dicha situación. La calle es libertad, amigos, cerveza, el mundo por arreglar recostados en cualquier portal, el amor a punto de estallar, pero es también letrina comunal, discoteca ambulante y certamen de gritos arropados por el silencio. Uno, cuando piensa y, sobre todo, cuando ve materializado dicho pensamiento en la pantalla, no puede evitar volver a pensar que los demás piensen que es un avejentado o un carca, y precisamente ahí se encuentra el truco, el triunfo de la trampa, nos arrolla por igual los impulsos de querer o intentar, o al menos pensar que es algo modificable, nos tiene cogido por lo más íntimo, como las hipotecas y, lo peor de todo es que no nos deja dormir. Esto no lo puedo decir públicamente porque me mirarían como si estuviera loco, al menos delante de la gente que conozco, debería cambiar de gente que conozco.
¿Hasta cuando llegará la inercia pendular de la dictadura y desaparecerán nuestros complejos libertarios no ácratas?
El final del verano llegó
El final del verano llegó y tú no partirás, sino que te asustarán de lo que, supuestamente te deberás gastar. Una de las noticias más recurrentes en esta época del año, último coletazo de la vacuidad informativa impuesta, es aquella que alude al presunto presupuesto semi-obligatorio que cada familia debe afrontar para comenzar el nuevo curso. Presentada casi como un asunto de estado, el dispendio relacionado con el material escolar, centrado fundamentalmente en los libros, chirría en todos los informativos como una nueva buena de primera plana. Ante tal atropello, las autoridades autonómicas se apresuran en tomar medidas contundentes, la subvención de libros o su gratuidad se contempla como un cortafuegos adecuado ante la desfachatez de las editoriales.
Es siempre el eslabón más débil de la cadena el que se rompe, el aumento constante de las hipotecas, la renovación de los medios informáticos o audiovisuales, la camiseta de raul-ronaldiño-etoo-messi o el sábado por la tarde en el macdonals pasan a ser ritos intocables en una sociedad que parece haber olvidado la importancia de la educación y que prefiere que la embauquen con premios de formula uno en plena calle y a la que no le importa que le roben a espuertas en sus propias narices porque ¿no has visto cómo está el pueblo?
Hurgar
Hoy no tengo nada que escribir salvo que no se me ocurre nada que escribir. Regodeándome en la circunstancia aprovecho para ir haciéndolo como haciéndome el tonto y pienso, he escrito dos formas del verbo hacer en la misma frase, he roto una regla de oro de la escritura pretendidamente anticacofónica, pero me da igual porque no tengo nada que escribir salvo (otra vez de redentor) que hurgo en la herida de una depresión bloqueante auspiciada por la lluvia y un vecino que se cree alejandrosanz con su guitarra o mariajesus con su acordeón. Bueno.
Las insistencias
Se consideraba un revolucionario teórico, de salón, de los de sábado por la noche sin que el alcohol le ganara totalmente, sólo un poquito. Eran evasiones higiénicas, catarsis que le entonaban su espíritu de constante desazón totalitaria. Sí, entendía su mundo y su posición en el mundo de un modo germánico, en ese sentido gregario, absurdamente subordinado al resto de la especie, pero en un contexto reverberantemente latino. Y por lo tanto, sufría. Con el ruido de las motos, con la ausencia de las gracias, con el calor, con la insistencia. La insistencia. La insistencia como acto de reafirmación social, como amnésico de la empatía. La insistencia culinaria como culminación de todas las formas de insistencias.




